Segunda Parte. Mi aportación personal: Mis dominios.
Capítulo I. VERDAD www.VERDAD.com.es
En mi libro «829. Homenaje a las Víctimas del Terrorismo». quiero que quede grabado a fuego que la VERDAD no es un detalle más, sino el pilar sobre el que debe descansar el relato que hereden las generaciones futuras. No se trata solo de recordar, sino de que ese recuerdo sea inalterable, incorruptible y blindado contra cualquier intento de manipulación o olvido.
La VERDAD que no se negocia
Este libro no es un ejercicio de nostalgia ni un acto de mera conmemoración. Es, ante todo, un acto de justicia histórica.
Las 829 víctimas de ETA no fueron números, ni estadísticas, ni daños colaterales de un supuesto “conflicto”. Fueron personas con nombre y apellidos, con vidas truncadas, con familias destrozadas y con un futuro que les fue robado con saña. Durante décadas se les negó incluso el derecho a ser recordadas con la dignidad que merecían. Se intentó diluir su memoria en eufemismos, en relatos equidistantes, en pactos de silencio y en una supuesta “paz” que exigía olvidar.
Nosotros decimos: no.
La VERDAD del relato que quede para la posteridad es de una importancia trascendental. Porque la memoria no es un lujo; es la base sobre la que se construye una nación decente. Si permitimos que se falsifique, que se minimice o que se equipare el verdugo con la víctima, estaremos condenando a las generaciones venideras a vivir en una mentira estructural.
No pedimos venganza. Pedimos verdad. Verdad completa, sin atenuantes, sin medias tintas y sin excusas políticas. Verdad que no se someta a modas ideológicas ni a conveniencias partidistas. Verdad que se escriba con mayúsculas y se defienda con uñas y dientes, porque es la única forma de honrar a quienes ya no pueden hablar.
Que este libro sea, pues, un acta notarial ante la Historia. Que cuando dentro de cincuenta o cien años alguien abra sus páginas, sepa sin la menor duda quiénes fueron los verdugos y quiénes las víctimas. Que no haya margen para la duda, ni para la relativización, ni para la infamia del “ambos bandos”.
Porque solo desde la VERDAD se puede construir un futuro que merezca ser vivido.
Y esa VERDAD, aquí y ahora, la estamos escribiendo.
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