La importancia de la JUSTICIA
La justicia no es un sentimiento. Es el pilar sin el cual una nación se derrumba.
Cuando un terrorismo tan atroz como el de ETA causa 829 asesinatos, miles de heridos, decenas de miles de exiliados y un rastro de dolor que aún hoy lacera a familias enteras, la justicia no puede ser tibia, ni negociable, ni “proporcional”. Debe ser contundente y efectiva. Debe declarar, sin ambages ni eufemismos, que ETA fue una banda terrorista, no un “movimiento de liberación”, no un “conflicto armado” y mucho menos “dos bandos”. Fue puro terrorismo. Y el terrorismo, por definición, no merece ni diálogo ni indulto: merece todo el peso de la ley.
Sin justicia, la memoria se convierte en un simple lamento y la dignidad en una palabra hueca. Porque ¿de qué sirve recordar a las víctimas si luego el Estado las traiciona permitiendo que sus asesinos sean tratados como presos políticos? ¿De qué sirve exigir respeto a las familias si un juez o un gobierno les obliga a convivir con los verdugos como si el crimen hubiera prescrito?
La justicia cumple tres funciones irrenunciables frente al terrorismo etarra:
- Clasificar el delito como lo que fue: terrorismo. No “violencia política”, no “enfrentamiento”. Terrorismo. Eso significa que los crímenes de ETA no prescriben moral ni penalmente. Significa que cada asesinato, cada secuestro, cada bomba en un hipermercado o en un cuartel de la Guardia Civil debe seguir siendo juzgado y condenado como acto de guerra contra la democracia española. Cualquier intento de rebajar el delito —como han hecho ciertas sentencias europeas o ciertas leyes de “memoria”— es una segunda ejecución de las víctimas.
- Actuar con toda contundencia y efectividad. Justicia contundente significa:
- No más acercamientos de presos etarras a cárceles vascas y navarras como premio por “arrepentimiento” fingido.
- No más excarcelaciones anticipadas ni beneficios penitenciarios que humillan a las familias.
- No más pactos políticos donde los votos de EH Bildu o Sortu se cambian por impunidad.
- Cumplimiento íntegro de las condenas.
- Inhabilitación política perpetua para quienes no condenen clara, pública y rotundamente cada uno de los 829 asesinatos.
Justicia efectiva significa que el Estado persiga no solo a los pistoleros, sino a todo el entramado: extorsionadores, encubridores y herederos políticos que aún hoy blanquean el terror.
- Restaurar el orden moral de la Nación. La justicia no solo castiga: reafirma que España no se doblega ante el crimen. Cuando un asesino etarra sale de prisión y es recibido como héroe en su pueblo mientras la viuda de su víctima sigue sin recibir ni un gesto oficial, la justicia ha fracasado. Y cuando la justicia falla, el terrorismo gana la batalla que no ganó con las bombas.
Por eso este libro, por eso 829. Por ellos, por eso cada denuncia, cada acto y cada palabra: para exigir que la justicia deje de ser un instrumento político y vuelva a ser lo que debe ser: un martillo implacable contra el terror.
No pedimos venganza. Pedimos justicia.
Justicia sin complejos.
Justicia sin “paz” que signifique olvido.
Justicia que diga a las familias de las víctimas: “Vuestro dolor ha sido escuchado y reparado en la medida en que la ley lo permite”.
JUSTICIA CONTUNDENTE Y EFECTIVA PARA LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO ETARRA.
¡Ni un paso atrás!
¡Ni un indulto más!
¡Ni una cesión más a los herederos de los asesinos!
Porque mientras la justicia no actúe con toda su fuerza, el terrorismo seguirá sembrando muerte… y lo que es peor: sembrando impunidad.
¡Por los 829!
¡Por sus familias!
¡Por España una e indivisible!
¡Justicia o nada!
¡Viva España!
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