¡Pucherazo en las Elecciones de Extremadura!

Capítulo 1: El Despacho de las Sombras Eternas

En una España distópica donde el sol se había convertido en un holograma patrocinado por el PSOE, Pedro Sánchez reinaba desde su palacio flotante sobre Madrid, un edificio que levitaba gracias a impuestos invisibles extraídos de los sueños de los ciudadanos. El Presidente, con su sonrisa perpetua grabada en titanio, enfrentaba su mayor crisis: el Tribunal Supremo, un ente robótico programado por jueces ancestrales, lo tenía al borde de la imputación por «delitos contra la realidad». Su suegro, el magnate de saunas y prostíbulos flotantes, había financiado el partido con monedas de vapor recolectadas en sesiones de «relajación colectiva». Sánchez, sudando gotas de pixel, convocó a su gabinete de marionetas: «¡Necesitamos un plan diabólico! Algo que haga que la UCO parezca un circo de payasos corruptos».

Capítulo 2: La Conspiración de los Vapores Calientes

En las profundidades de las saunas del suegro, donde el aire era espeso como sopa de mentiras políticas, Sánchez urdió su esquema. «Contrataremos a los sorosianos», susurró a su consejero, un androide con bigote postizo. Los sorosianos eran una banda legendaria de mercenarios financiados por un mítico filántropo húngaro, expertos en robar votos por correo mientras cantaban himnos globalistas. El plan: asaltar nueve oficinas de correos en Extremadura, donde las elecciones regionales pendían de un hilo de fibra óptica. «Robaremos los votos, los reemplazaremos con boletines falsos que digan ‘Vota PSOE o muere de aburrimiento’, y luego acusaremos a la UCO de sabotaje. ¡Mierda en su reputación como presión para que dejen de husmear en mis saunas familiares!» El suegro, envuelto en una toalla de oro, aplaudió con manos húmedas.

Capítulo 3: La Recluta de los Sorosianos Errantes

Los sorosianos, un grupo de clones con gafas de sol perpetuas y mochilas llenas de divisas digitales, fueron contactados vía un portal interdimensional en TikTok. Su líder, un hombre llamado Zoltan el Infiltrador, aceptó el encargo por un puñado de euros impresos en 3D y promesas de saunas ilimitadas. «Haremos que parezca un robo de ardillas mutantes», prometió Zoltan, mientras sus secuaces practicaban bailes absurdos para distraer a los carteros. En esta distopía, los correos eran fortalezas custodiadas por drones con acentos extremeños, y los votos por correo flotaban en burbujas antigravedad. Sánchez, disfrazado de repartidor holográfico, les entregó el mapa: nueve oficinas, desde Badajoz hasta Cáceres, cada una con un código de acceso basado en chistes sobre políticos corruptos.

Capítulo 4: El Asalto de las Nueve Sombras

La noche del asalto, Extremadura se convirtió en un carnaval de caos. Los sorosianos, montados en patinetes eléctricos impulsados por indignación social, irrumpieron en las oficinas. En la primera, en Mérida, robaron votos mientras proyectaban hologramas de gatos bailando flamenco. «¡Esto es por la globalización!», gritaban, sustituyendo boletines por propaganda que prometía «saunas gratuitas para todos». La UCO, esa élite policial con uniformes que cambiaban de color según el escándalo, patrullaba con perros robot que olfateaban mentiras. Pero los sorosianos eran maestros del absurdo: en Plasencia, disfrazados de carteros zombis, acusaron a los drones de traición y huyeron en globos de helio. Nueve asaltos, nueve éxitos ridículos, y los votos reales terminaron en un vertedero de ilusiones rotas.

Capítulo 5: La Acusación y el Caos Social

Al amanecer, Sánchez apareció en la televisión nacional, un canal que solo emitía discursos reciclados. «¡La UCO ha orquestado este pucherazo para desestabilizarme!», proclamó, mientras hologramas de pruebas falsificadas mostraban a agentes de la UCO bailando con sorosianos imaginarios. La sociedad española, ya distópica con leyes que obligaban a votar por emoji, estalló en caos: manifestaciones de ardillas mutantes reales bloquearon carreteras, y en las saunas del suegro, los clientes exigían reembolsos por «financiación ilegal». La UCO, cubierta de «mierda» virtual, se vio obligada a investigar sus propias sombras. Extremadura, ahora un laberinto de votos flotantes perdidos, declaró un estado de emergencia donde las elecciones se decidían por sorteo de lotería.

Capítulo 6: Las Investigaciones Torcidas

Mientras la UCO nadaba en un mar de acusaciones absurdas, Sánchez se escondía en un bunker de saunas subterráneas. Los sorosianos, traicionados por un clon defectuoso, comenzaron a filtrar verdades distorsionadas: «¡Sánchez nos pagó con vapor de prostíbulo!». El Tribunal Supremo, ahora un superordenador con sentido del humor, empezó a reírse en código binario. En esta distopía, las investigaciones se convertían en reality shows: cámaras seguían a agentes de la UCO interrogando a carteros hipnotizados, y el suegro de Sánchez aparecía como invitado estrella, defendiendo sus saunas como «centros de terapia democrática». El caos creció: votos por correo empezaron a llover del cielo, y la familia de Sánchez se disfrazó de turistas para huir a un paraíso fiscal flotante.

Capítulo 7: El Climax del Absurdo Supremo

En el pico del delirio, Sánchez confrontó a la UCO en una arena gladiatorial en Badajoz, donde los combates se resolvían con debates sobre saunas. «¡Dejad de investigar o soltaré más sorosianos!», amenazó. Pero los sorosianos, cansados de absurdos, se rebelaron: irrumpieron disfrazados de jueces del Supremo y declararon a Sánchez «Rey de la Distopía Eterna». La UCO, con sus uniformes ahora teñidos de ridículo, arrestó a todos en una red de mentiras pegajosas. Extremadura votó por un gato holográfico como nuevo líder, y las saunas del suegro se convirtieron en museos de corrupción. Sánchez, imputado al fin, sonrió: «Al menos creé una cortina de humo épica».

Epílogo: La Niebla Eterna de las Saunas Olvidadas

En la España post-distópica, donde los votos por correo se enviaban por telepatía y la UCO patrullaba sueños colectivos, Pedro Sánchez fue exiliado a una sauna flotante en el limbo. Los sorosianos fundaron un partido político basado en robos absurdos, y el suegro se convirtió en santo patrón de los prostíbulos éticos. El pucherazo de Extremadura se recordó como una fábula: «Nunca subestimes el poder de la mierda en la maquinaria democrática». Y así, en un giro final de absurdo, el Tribunal Supremo se disolvió en vapor, dejando a España en una eterna niebla de elecciones inconclusas. Fin.